Cada vez son más los jóvenes en Colombia que encuentran en la Policía Nacional una oportunidad real para servir a su comunidad y asegurar un futuro profesional. Verónica Torres Brito, auxiliar de policía en la estación de Tuluá, Segundo Distrito, es una de ellas. Su historia refleja el impacto positivo que puede tener este servicio en la vida de quienes deciden asumirlo con vocación.

Desde que se incorporó como auxiliar, Verónica ha vivido de cerca el compromiso con la comunidad, pero también ha encontrado una estabilidad que pocas veces se consigue a tan corta edad. “No en cualquier parte, sin experiencia, uno puede tener un ingreso mensual de más de un millón de pesos”, asegura.

Actualmente, los auxiliares de policía reciben una bonificación equivalente al 70% de un salario mínimo, además de un subsidio de alimentación, lo que suma aproximadamente $1.500.000 mensuales. Además, cuentan con alojamiento, atención médica y alimentación asegurada durante el tiempo de servicio.

Pero el trabajo no solo ofrece estabilidad económica. Verónica destaca que también existen posibilidades de formación y crecimiento dentro de la institución. Los auxiliares pueden acceder a diferentes especialidades como tránsito y transporte, policía comunitaria, infancia y adolescencia, y turismo. Estas áreas les permiten adquirir experiencia útil para avanzar en su carrera dentro de la Policía Nacional.

“Nos dieron la bienvenida a las mujeres. Antes solo los hombres podían ser auxiliares, pero eso cambió. Hoy estamos demostrando que también podemos asumir este rol con responsabilidad y entrega”, comenta Verónica con orgullo.

Ya próxima a cumplir un año de servicio, Verónica planea iniciar el proceso para convertirse en patrullera profesional, un paso que muchos auxiliares toman después de completar su tiempo como parte del servicio militar.

Su mensaje a otros jóvenes es claro: “Acérquense a la estación de policía más cercana. Esta es una gran oportunidad para empezar desde temprano, con un trabajo digno y con posibilidades reales de crecer. La Policía abre puertas que en otros lados suelen estar cerradas”.

El testimonio de Verónica es reflejo de una transformación institucional que promueve la inclusión, el desarrollo y la formación de jóvenes comprometidos con el país. En lugares como Tuluá, estas historias se convierten en ejemplo y motivación para toda una nueva generación.

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