Con zapatillas firmes en la pista y palabras llenas de gratitud, los atletas dirigidos por Luis Eduardo Arévalo celebran lo que para ellos es mucho más que un trámite legal: la certificación oficial como entrenador deportivo, otorgada bajo la Ley 2210 del 2022. El reconocimiento, que valida su idoneidad para formar atletas en todas las categorías, representa un logro compartido entre entrenador y pupilos.

“Para nosotros no es solo un profe, es un papá en el deporte, un guía y nuestro impulso para darlo todo en cada competencia”, asegura una de sus atletas, visiblemente emocionada. El grupo destaca que Arévalo ya venía dejando huella sin necesidad de un papel que lo respaldara, formando deportistas que han brillado en competencias departamentales, nacionales e incluso internacionales. Pero ahora, con el certificado en mano, el panorama se aclara aún más para continuar su labor sin restricciones administrativas.

La homologación es vista por los atletas como un impulso moral y legal. “Ya no habrá problemas con permisos, ni trabas. El profe ha demostrado con hechos que sabe, que se ha preparado. Ahora también tiene cómo demostrarlo oficialmente”, dice uno de los jóvenes, mientras ajusta sus spikes antes del entrenamiento.

La relación entre Arévalo y sus dirigidos va más allá de las marcas o los cronómetros. Para muchos, el entrenador ha sido refugio, ejemplo y motivación. “En cuatro meses me ha enseñado más que en años. Me ha hecho crecer no solo como atleta, también como persona. Este logro es de él, pero también lo sentimos como nuestro”, afirma una de las atletas que apenas inicia su carrera deportiva.

Para estos jóvenes, ver al profe certificado no es solo motivo de orgullo, es una garantía de que están en buenas manos. “Significa mucho. Él no tiene los títulos universitarios tradicionales, pero tiene la experiencia, la disciplina, y ahora, el respaldo legal. Para nosotros, ya lo sabíamos… pero ahora el país también lo sabe.”

Arévalo, quien ha entrenado durante años en el estadio 12 de Octubre de Tuluá, ve recompensado su esfuerzo con esta acreditación que, según sus pupilos, “le llega justo cuando más se necesita: en medio del crecimiento de nuevos talentos y del fortalecimiento del deporte base en la región”.

Mientras tanto, ellos seguirán entrenando, saltando, lanzando y corriendo. No solo por medallas, sino por ese orgullo compartido que les impulsa a darlo todo. Porque ahora, con el profe certificado, todo suma en la pista.

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