En la Terminal de Transportes de Tuluá, mientras la ciudad se mueve entre llegadas y despedidas, hay una historia que no aparece en los itinerarios, pero que marca una diferencia real. Se trata de Miguel Ángel Colorado, un hombre que desde hace cinco años trabaja como recuperador ambiental, aportando a la sostenibilidad de la terminal y transformando su propia vida.
Miguel inicia su jornada cada mañana, alrededor de las 8:00 a.m., con una tarea silenciosa pero crucial: separar los residuos reciclables que se generan durante el día y la noche anterior. “Plástico, cartón, vidrio, archivo, chatarra… todo tiene su sitio y su propósito”, cuenta con serenidad mientras organiza los materiales con precisión.
Su vinculación fue posible gracias al apoyo de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario y Medio Ambiente (Sedama), que le abrió la puerta a una oportunidad laboral digna y estable. “Mi calidad de vida mejoró en un 90%. Antes salía a la calle, cansado, a rebuscarme el día. Hoy tengo estabilidad, un ingreso fijo y, sobre todo, la tranquilidad de trabajar en un lugar seguro”, afirma Miguel.
Además del beneficio ambiental que representa su labor —evitando que toneladas de desechos terminen en el vertedero—, su historia demuestra que la inclusión laboral también es una forma de justicia social. Desde la administración de la Terminal, se reconoce el valor del trabajo de personas como Miguel Ángel, quienes ayudan a mantener un entorno limpio y responsable con el medio ambiente, mientras avanzan hacia una vida más digna. Su historia se convierte en símbolo de esfuerzo, transformación y esperanza.
