El inmueble, cuya construcción se remonta aproximadamente a 1800, ha tenido diferentes usos a lo largo de la historia del municipio y hace parte de la memoria de varias generaciones.
La posibilidad de demoler la actual sede del Instituto Municipal del Deporte de Tuluá, Imder, debido a las afectaciones estructurales ocasionadas por el sismo del pasado 10 de agosto, ha puesto nuevamente sobre la mesa la discusión sobre la conservación del patrimonio histórico del municipio.
La edificación tendría aproximadamente dos siglos de historia y, de acuerdo con registros históricos locales, ha tenido diferentes usos a lo largo del tiempo. En el pasado funcionó como sede de los juzgados municipales y posteriormente como cárcel.
Hoy, además de ser utilizada como sede institucional, representa parte de la memoria arquitectónica y urbana de Tuluá.
Un inmueble que hace parte de la historia de Tuluá
Efraín Marmolejo, integrante del Centro de Historia de Tuluá, recordó el significado que tiene esta construcción para el municipio y manifestó su preocupación frente a la posibilidad de que desaparezca como consecuencia de las afectaciones estructurales.
Para Marmolejo, el inmueble representa un vínculo con diferentes etapas de la historia local y forma parte de los recuerdos de varias generaciones de tulueños.
Su eventual demolición no significaría únicamente la desaparición de una edificación utilizada actualmente por el Imder, sino también la pérdida física de un elemento que ha permanecido durante décadas dentro del paisaje urbano de Tuluá.
Seguridad y patrimonio, una decisión que no es menor
El terremoto volvió a poner en primer plano una discusión que suele aparecer cuando las edificaciones antiguas presentan deterioro: ¿cómo garantizar la seguridad de las personas sin perder inmuebles que hacen parte de la memoria histórica de una ciudad?
La prioridad frente a una estructura que represente un riesgo debe ser la protección de la vida. Sin embargo, antes de tomar una decisión definitiva sobre un inmueble de estas características, resulta relevante establecer si existen alternativas técnicas que permitan conservarlo, reforzarlo o recuperar, al menos, elementos de su valor patrimonial.
La decisión adquiere mayor importancia porque se trata de una construcción que, por su antigüedad y los diferentes usos que ha tenido, constituye un testimonio físico de la evolución de Tuluá.
Por ahora, el futuro de la antigua edificación deberá definirse a partir de los estudios técnicos y las decisiones de las autoridades competentes.
El reto para el municipio será determinar si la estructura puede ser recuperada bajo condiciones de seguridad adecuadas o si, por el contrario, su estado hace inevitable su demolición.
En cualquiera de los dos escenarios, la discusión debería ir más allá de la intervención física del inmueble: también está en juego cómo Tuluá protege y conserva los espacios que cuentan parte de su propia historia.
