Diana Troncoso, de 31 años, permaneció cerca de 29 horas atrapada bajo los escombros de las Torres del Limonar, en el barrio Capri de Cali, después del terremoto ocurrido el pasado 10 de agosto.

El movimiento sísmico se registró a las 7:34 de la mañana. Diana se encontraba en su habitación y alcanzó a ubicarse en el marco de una puerta, pero una de las estructuras terminó colapsando y quedó atrapada.

El lado izquierdo de su cuerpo quedó inmovilizado y una varilla la aprisionó entre las piernas. En medio de los escombros, conservó su teléfono celular y utilizó la linterna para observar el pequeño espacio que tenía sobre ella.

Sin saber cuánto tiempo había transcurrido ni si era de día o de noche, Diana decidió aferrarse a su fe.

“Al caer le dije: quedé viva y si estoy viva es por algo. Sácame de acá Dios, ayúdame a encontrar la forma de salir”, recordó.

Después de varios intentos de los equipos de rescate, los socorristas lograron encontrarla y liberarla. Casi 29 horas después del colapso, Diana fue trasladada con vida a un centro asistencial.

Un mes después del terremoto, permanece en la Fundación Valle del Lili, donde avanza en su recuperación física y trabaja nuevamente en el proceso de caminar. Su recuperación también incluye el manejo de las consecuencias emocionales de la experiencia.

Durante este proceso, Diana señala que la emergencia le permitió valorar de otra manera a su familia, expresar sus sentimientos y reconocer la importancia de cada persona.

Su madre la acompaña en esta etapa y recuerda que Diana ha enfrentado momentos difíciles desde antes de nacer. Ambas continúan acompañando el proceso de recuperación.

Diana también expresa su agradecimiento a los Bomberos de Cali y Bogotá y a los demás rescatistas que participaron en su búsqueda. Además, reconoce el acompañamiento recibido por su familia durante la recuperación.

Entre sus próximos objetivos está terminar las terapias, regresar a Buga para visitar al Señor de los Milagros y posteriormente viajar a Bogotá para encontrarse con los bomberos que participaron en su rescate.

Después espera retomar progresivamente su rutina y las actividades que realizaba antes del terremoto.

Hoy, acompañada por el personal que participa en su recuperación, Diana se levanta y avanza hacia su habitación. Son unos pocos pasos dentro de la Fundación Valle del Lili, pero hacen parte de un proceso que comenzó bajo los escombros.

Su historia, un mes después del terremoto, queda resumida en una frase que decidió convertir en mensaje de vida:

“Donde hay vida, hay esperanza”.

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